Las reglas que producen cada cifra de este sitio, y por qué son esas y no otras. Si algo aquí te parece discutible, esa es la idea: está escrito para que puedas discutirlo.
Todo se mide contra la línea base. Que el mercado suba un 0,5 % después de una condición no dice absolutamente nada por sí solo: hay que saber qué hizo después de un día cualquiera. Esa diferencia —el exceso— es la única cifra de este sitio que significa algo aislada.
Suena obvio y casi nadie lo hace. Es la razón por la que la mayoría de los indicadores «que funcionan» dejan de funcionar cuando se miden así.
Si una condición se cumple 216 días seguidos, eso es un episodio, no 216 observaciones. Los días contiguos del mismo estado no son independientes: comparten el mismo tramo de mercado y casi el mismo futuro.
Contar días es lo que hace que aparezcan aciertos del 100 % y muestras enormes donde hay un puñado de sucesos. Por eso la tabla se ordena por episodios y no por exceso, y por eso un estudio necesita 30 episodios independientes para no llevar el aviso de muestra fina.
Las medidas de amplitud se calculan sobre un universo point-in-time: en cada fecha, las acciones que cotizaban ese día, incluidas las 6.577 que terminaron desapareciendo por quiebra, fusión o exclusión.
Medir la amplitud solo sobre las que siguen vivas hoy es medir un mercado que nunca existió — uno donde nadie quebró. Es el error que hace que casi cualquier sistema parezca mejor de lo que fue.
Cada estudio se mide dos veces: con el S&P 500 por encima de su media de 200 sesiones y por debajo. Es el corte que más veces convierte un estudio en dos estudios distintos — el RSI por debajo de 30 rinde por debajo de la base con el mercado subiendo y muy por encima con el mercado cayendo.
Dentro de cada régimen, la línea base se acota a ese mismo régimen. Comparar una condición que solo existe en mercados bajistas contra todos los días mediría el mercado bajista, no la condición.
Cuando una condición casi no existe fuera de un régimen —porque el régimen forma parte de su definición— se juzga solo dentro de él. Exigirle muestra en el otro lado sería una pregunta sin respuesta posible.
La media de una condición dice dónde acabó el precio al final del horizonte. No dice lo que hubo que aguantar por el camino, y esas son dos preguntas distintas: un +2 % a tres semanas que por medio pasó por −8 % no se sostiene en la vida real, pero en una tabla de medias es idéntico a uno que subió recto.
Por eso cada ficha publica también la excursión máxima: lo más arriba y lo más abajo que llegó el precio dentro del horizonte. Y la relación entre las dos —cuánto ofreció por cada punto que hizo falta soportar—, que es la columna comparable contra la línea base.
La limitación, que va por delante: se mide sobre cierres, no sobre máximos y mínimos intradía. El universo de 2016 en adelante no los guarda, y usar dos bases distintas dentro de la misma biblioteca sería peor que esta limitación. El sesgo va en la dirección incómoda —el recorrido real es peor que el publicado—, así que lo hemos medido: sobre los 33 años de índices, donde sí hay máximos y mínimos, la excursión adversa real es de media 0,85 puntos peores (nunca más de 1,1). La cifra que publicamos es un suelo, no el peor caso.
Cada exceso se publica con un intervalo del 95 %, calculado remuestreando episodios —no días— dos mil veces. La semilla es fija: las cifras no pueden bailar entre una corrida y la siguiente.
Dos excesos parecidos pueden ser cosas muy distintas según lo ancho que sea su intervalo. Cuando el intervalo incluye el cero, la ficha lo dice con esas palabras: significa que la muestra no permite afirmar que haya efecto, por bonita que sea la cifra central.
Por debajo de 15 episodios en un régimen no se publica intervalo. Un bootstrap sobre seis puntos devuelve un intervalo estrecho y convincente que no significa nada; no puede fabricar información que no está.
Cada reloj resume varias dimensiones en un número de 0 a 100. La conversión usa tres anclas de su propia historia —el percentil 5 va a 0, la mediana a 50 y el percentil 95 a 100— en vez de una escala lineal, porque casi ningún input está repartido de forma simétrica y una escala lineal colocaría la mediana en sitios absurdos.
Cada reloj suaviza sus inputs con una ventana coherente con su horizonte: La Cinta mira días y El Ciclo mira meses, así que no pueden compartir el mismo suavizado.
Los cuatro pueden discrepar entre sí. No es un fallo: responden preguntas distintas.
Seis condiciones se definen como «su decil alto» o «su decil bajo». Ese corte se calculó una vez sobre la ventana declarada de cada una y no se vuelve a tocar. Si se recalculara cada día, la condición mediría algo distinto en cada corrida y su historia dejaría de ser comparable consigo misma: un valor podría pasar de cumplirse a no cumplirse sin que el mercado se hubiera movido.
Cambiar uno de esos umbrales obliga a recalcular la tasa base de esa condición. Es el precio de que la cifra signifique lo mismo hoy que hace diez años.
Una condición puede quedarse sin el dato que necesita —una fuente que se retrasa, una serie que no llega—. En ese caso su ficha dice «sin evaluar hoy», y no «no se cumple»: lo segundo es una afirmación sobre el mercado y solo se hace cuando hay con qué sostenerla.
La distinción no es cosmética. Comparar un dato ausente contra un umbral devuelve «falso» sin protestar, así que una condición sin datos se publicaría como negada. Por eso se comprueban los ingredientes de cada condición, no solo su resultado.
No pronostica, y sus propias tablas lo enseñan sin retoques: en el corto plazo las cuatro bandas de cada reloj rindieron casi lo mismo que un día cualquiera, y donde sí se separan el orden sale al revés —la banda adversa por delante de la favorable, sobre muy pocos episodios—. Publicamos ese resultado porque es el que hay.
Los resultados negativos se publican igual que los positivos. 27 de los 89 estudios no baten a su línea base en ningún régimen, y tienen su página como los demás. Es lo que hace creíble a los pocos que sí.
Nada de esto es una señal de compra o de venta. Sirve para decidir cuánto arriesgar y con qué expectativa, no cuándo entrar.
El número cambia cuando cambia algo que altera las cifras publicadas: un umbral, una fuente, la forma de puntuar. Cambios de diseño o de texto no lo tocan.
La versión aparece en el pie de cada página. Si dos lecturas se hicieron con versiones distintas, sus cifras no son directamente comparables.