La regla de vender una acción cuando cae por debajo de su tendencia larga y recomprarla cuando la recupera, medida una por una sobre un universo que incluye a las empresas que dejaron de cotizar.
Lo que medimos Salirse de una acción cuando pierde su tendencia larga y volver cuando la recupera no sirve para ganar más. Sirve de seguro: recorta la caída en tres de cada cuatro acciones y la probabilidad de desastre mucho más.
Casi todas las reglas de salida que se enseñan prometen mejorar la rentabilidad. Esta lección mide la más común de todas, y su valor está en otro sitio.
Se toman 423 de las acciones más líquidas del mercado, de las cuales 46 dejaron de cotizar en el período.
Son un 10,9 % del total, y están todas dentro con su resultado final. Para cada acción se comparan dos formas de tenerla: comprarla y no tocarla, o salirse cuando pierde su tendencia de largo plazo y volver cuando la recupera.
Medir así, activo por activo, permite algo que una cartera no permite: contar en cuántos casos la regla ayuda, en vez de mirar un único resultado agregado que podría deberse a dos o tres nombres.
| Efecto de la regla de tendencia | En cuántas acciones | Intervalo |
|---|---|---|
| Recorta la caída máxima | 77,1 % | de 73,3 a 80,9 |
| Mejora la rentabilidad anual | 30,5 % | de 26,2 a 34,8 |
| Mejora la relación retorno-caída | 37,6 % |
El contraste no puede ser más claro. En tres de cada cuatro acciones la regla recorta la caída máxima, y la caída mediana pasa del 63,3 % al 49,0 %.
En rentabilidad, en cambio, solo gana en 30,5 % de los casos: en dos de cada tres, comprar y mantener rinde más.
La razón es que la regla captura alrededor del 46 % del movimiento y paga cada salida en falso. No predice nada. Solo se aparta.
De todo el estudio, hay una afirmación que aguanta con intervalos que no se solapan, y es la que justifica la regla entera.
La probabilidad de que una acción pierda más de la mitad de su valor en algún momento es del 68,8 % comprándola y manteniéndola.
Su intervalo es de 64,3 a 73,3.
Con la regla de tendencia, la misma probabilidad baja al 47,0 %.
Y el intervalo de esa segunda cifra, de 42,6 a 51,8, no llega a tocar el primero, que es la exigencia que casi ninguna cifra de este curso supera.
Son más de veinte puntos de diferencia en la probabilidad del desastre. Eso no es una mejora marginal: es la diferencia entre poder seguir invirtiendo y no poder.
Incluir a las acciones que dejaron de cotizar aumenta la ventaja de la regla, de 20,5 puntos a 22,0 puntos. Poco, y por una razón que casi nadie espera.
Entre las que desaparecen, la mediana de comprar y mantener es +64 %. La mayoría no quebró: fue comprada con prima, y el accionista cobró.
La regla de tendencia gana entre ellas solo en la cola, donde la probabilidad de desastre pasa del 65,2 % al 34,8 %.
Es un correctivo útil contra la idea de que «desaparecer» equivale a «quebrar». En un universo líquido, la mayoría de las desapariciones son buenas noticias para quien tenía la acción.
El resultado por acción reproduce dieciséis de diecisiete veredictos de un estudio anterior hecho con otro universo, lo que da bastante confianza en que no es un artefacto.
El patrón es siempre el mismo: la regla paga en las acciones volátiles y en las que acaban rompiéndose, y estorba en las que suben sin sobresaltos durante años. En esas últimas saca al inversor en cada susto y lo devuelve más arriba.
El problema práctico es que no se sabe de antemano en cuál de los dos grupos está una acción, y el grupo puede cambiar. Por eso la regla se aplica a todas o a ninguna, y se acepta el coste en las buenas a cambio del seguro en las malas.
Usar la regla por lo que hace, que es recortar la cola, y no esperar que mejore la rentabilidad, que en dos de cada tres acciones no lo hace. Y no confundir la desaparición de una empresa con su quiebra al leer cualquier estudio de acciones, empezando por cómo se lee esta sección.
Se toma cada una de 423 acciones y se comparan dos formas de tenerla: comprarla y no tocarla, o salirse cuando pierde su tendencia de largo plazo y volver cuando la recupera. La segunda recorta la caída máxima en el 77,1 % de los casos, y la caída mediana pasa del 63,3 % al 49,0 %. En rentabilidad, la regla solo gana en el 30,5 % de las acciones: en dos de cada tres, comprar y mantener rinde más. La probabilidad de perder más de la mitad del valor pasa del 68,8 % al 47,0 %, y esos dos intervalos no se tocan.
No dice que la regla mejore la rentabilidad: en dos de cada tres acciones no lo hace, y esa parte del resultado es la que peor se sostiene. Tampoco incorpora costes de operación ni fiscalidad, que en una regla que entra y sale varias veces por año no son despreciables. El universo son las acciones más líquidas del mercado, así que no dice nada sobre compañías pequeñas. La ventana tiene un solo mercado bajista completo, y en un período con más laterales largos las salidas en falso pesarían más. Dos trampas de datos tuvieron que resolverse antes de medir, y merece la pena conocerlas: los precios crudos no venían ajustados por divisiones de acciones, lo que fabricaba caídas de más del 70 % en un día; y los identificadores se reciclan, de modo que un símbolo llegó a mezclar dos empresas distintas y producía una rentabilidad anual inexistente. Cinco acciones quedaron fuera por esa firma.
Estar dentro mientras el precio cotice por encima de su tendencia larga, medida con una media de varios meses, y en efectivo cuando la pierda; se vuelve a entrar al recuperarla. No hay objetivo de beneficio ni predicción de ningún tipo.
Porque solo se queda con una parte del movimiento y encima paga cada entrada y salida falsa. Su trabajo no es ganar más, es no participar en las caídas grandes. En una acción que sube casi siempre, apartarse cuesta; en una que se rompe, salva.
No están dentro, y es la limitación más seria. Una regla que entra y sale varias veces al año realiza plusvalías y paga corretaje, así que la ventaja de rentabilidad, que ya era pequeña, sería todavía menor. La ventaja en la cola es la que aguanta ese descuento.
En las que suben año tras año sin caídas profundas. Ahí la regla vende en cada sobresalto y recompra más caro. Paga en las volátiles y en las que terminan rompiéndose, que son justo las que producen el desastre que la regla existe para evitar.
423 acciones líquidas, de 2016 a 2026, con 46 deslistadas dentro (10,9 %) y retorno terminal. Regla: dentro mientras el precio cotice sobre su tendencia larga y fuera al perderla, reentrada al recuperarla; sin costes ni fiscalidad. Recorta la caída máxima en el 77,1 % de los activos, 73,3 a 80,9, con la mediana pasando de 63,3 % a 49,0 %; mejora la rentabilidad anual solo en el 30,5 %, con captura mediana del 46 %. Perder más de la mitad: 68,8 %, de 64,3 a 73,3, contra 47,0 %, de 42,6 a 51,8; no se solapan. Incluirlas sube la ventaja de 20,5 a 22,0 puntos; su mediana es +64 % porque la mayoría fueron adquisiciones, y en la cola la ruina pasa de 65,2 % a 34,8 %.
Estudio un estudio propio · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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