Qué pasa cuando la señal de ruptura busca bases más largas en vez de encontrárselas: se cambia el máximo de sesenta sesiones por el de ciento veinte y el de doscientas cincuenta, con todo lo demás intacto, y se mira si mejora algo.
Lo que medimos Los gráficos famosos empiezan tras meses de consolidación, así que parece razonable pedirle a la señal bases más largas. Medido, empeora, y de forma ordenada. Un año sin máximos no es acumulación: es debilidad.
Es una de las intuiciones más sólidas del oficio: las grandes subidas empiezan tras meses de consolidación, así que la señal debería buscar bases largas en vez de tropezárselas. Se probó con todo lo demás intacto y sale al revés.
La señal original compra cuando el precio rompe su máximo de sesenta sesiones. Se sustituye por el máximo de ciento veinte y por el de doscientas cincuenta, y se corre el mismo sistema con las mismas reglas, los mismos costes y el mismo panel.
| Ventana del máximo | Retorno sobre caída | Resultado por operación | Acierto |
|---|---|---|---|
| Sesenta sesiones | 0,53 | 3,02 % | 30,8 % |
| Ciento veinte | 0,39 | 2,89 % | |
| Doscientas cincuenta | 0,27 | 2,39 % | 29,7 % |
Sin el filtro de edad de la base ocurre lo mismo: 0,77 con la ventana corta y 0,68 con la intermedia.
Y 0,46 con la de un año. Que el signo sea el mismo en las dos versiones descarta que se trate de una interacción entre esas dos reglas.
La caída máxima también empeora: casi seis puntos peor con la ventana intermedia y trece puntos peor con la de un año.
La explicación cómoda sería que exigir más base deja menos oportunidades. No es eso. Con seis puestos disponibles, el número de operaciones apenas se mueve entre las tres versiones, aunque las señales pasen de 23.300 frente a 19.000.
Los puestos se llenan igual. Lo que cambia es qué los llena, y ahí está todo el deterioro. El resultado medio por operación baja de 3,02 % a 2,39 %.
La mediana empeora de −4,76 % a −5,24 %.
Y el acierto, de 30,8 % a 29,7 %. Las tres medidas apuntan en la misma dirección, que es lo que hace creíble el resultado: no es una métrica agregada moviéndose por una operación grande.
Merece la pena detenerse aquí, porque es un error de lectura muy común. Un sistema con puestos limitados absorbe casi cualquier cambio en el número de señales, así que comparar dos versiones por lo que ganan en total no dice nada sobre la señal. Hay que mirar qué rinde cada operación.
Romper el máximo de doscientas cincuenta sesiones significa una cosa muy concreta: el valor lleva un año entero sin hacer un máximo nuevo. Eso no es acumulación silenciosa, es debilidad prolongada.
La versión de un año captura sobre todo recuperaciones de valores dañados, y de ahí sale el empeoramiento de la caída máxima. La base de los gráficos famosos era otra cosa: una consolidación dentro de una tendencia, después de un empujón fuerte. Una ventana larga, por sí sola, no distingue las dos.
La refutación se refuerza con un detalle. El sistema ya exige que la acción esté entre las más fuertes del mercado, es decir, el filtro de impulso ya está puesto, y aun así alargar la ventana empeora.
Queda abierta otra versión de la idea: la base larga exigida a la vez que un empujón reciente potente, que es lo que enseñan los gráficos de los que sale todo esto. Eso no está medido y no se afirma en ninguna dirección.
El diagnóstico previo dejó además un hallazgo lateral que vale más que la prueba. En el 99,1 % de las operaciones, el punto de salida por pérdida vive dentro de la base: el mínimo de la base está a una mediana del 19,2 % por debajo de la entrada, mientras que la salida está mucho más cerca.
Dicho de otro modo, quien crea que su salida está protegida por la estructura de la base casi nunca la está usando: sale mucho antes.
Y las bases de más de ciento veinte sesiones son las únicas con mediana positiva, +4,73 % y 54,5 % de acierto, pero con once casos eso no decide nada y así se declara.
No convertir una intuición de gráfico en un parámetro sin medirlo. Si se quiere base larga, condicionarla a un empujón reciente y no pedir simplemente una ventana mayor. Y comprobar dónde vive de verdad el punto de salida antes de decir que está apoyado en la estructura, que es lo que mide dónde va el stop.
Se cambia una sola cosa en la señal: en vez de comprar cuando el precio rompe su máximo de sesenta sesiones, comprar cuando rompe el de doscientas cincuenta, que es una base de un año. Todo lo demás queda igual. El resultado por operación baja de 3,02 % a 2,39 %, la mediana empeora de −4,76 % a −5,24 % y el acierto de 30,8 % a 29,7 %. La relación entre lo que se gana y lo que se sufre pasa de 0,53 a 0,27. Y el número de operaciones apenas se mueve: 234 contra 239. No se opera menos; se opera peor.
No dice que la consolidación larga no importe: dice que pedir una ventana de máximo más larga, por sí sola, empeora. La base condicionada a un impulso reciente fuerte no está medida y queda abierta. Las cifras de rentabilidad absoluta del sistema no se publican aquí; lo que sostiene la lección son las diferencias entre las tres versiones dentro del mismo montaje. Es una sola trayectoria y no incluye el mercado bajista de 2008. Y hubo un tropiezo en el primer intento que conviene conocer: la ventana con la que se medía la edad de la base se dejó fija para las tres variantes, lo que dejaba pasar señales de más; corregido, la ventana de la edad acompaña siempre a la de la señal.
Muchas sí, pero esa consolidación aparece dentro de una tendencia y viene detrás de un empujón fuerte. Pedir el máximo de un año no distingue ese caso del de una acción que lleva doce meses sin hacer un máximo nuevo, que es una situación completamente distinta.
No. Con los puestos limitados, las operaciones son 234, 230 y 239 en las tres versiones, pese a que las señales caen de 23.300 a 19.000. Los huecos se llenan igual, y lo que empeora es lo que los ocupa.
Sobre todo recuperaciones de compañías dañadas. Exigir que no haya habido ningún máximo en doce meses selecciona valores que vienen de caer, no valores que acumulan en silencio dentro de una tendencia sana.
Esto refuta pedir una ventana más larga a secas. No refuta otra versión de la idea: exigir base larga solo cuando además ha habido un empujón reciente fuerte. Eso es lo que enseñan los gráficos famosos, y aquí no está medido.
Agosto de 2017 a julio de 2026, un sistema de crecimiento con las reglas del método, con fecha real de publicación y costes; cambia solo la ventana del máximo (60, 120 y 250 sesiones), con y sin filtro de edad de la base. Con filtro, retorno sobre caída 0,53, 0,39 y 0,27, y caída máxima 5,8 y 13,0 puntos peor; sin filtro, 0,77, 0,68 y 0,46. Operaciones 234, 230 y 239 con filtro, pese a 23.300 señales frente a 19.000. Por operación, 3,02 %, 2,89 % y 2,39 %; mediana −4,76 % y −5,24 %. La salida por pérdida vive dentro de la base en el 99,1 % de las operaciones, cuyo mínimo queda a una mediana del 19,2 % de la entrada. Las rentabilidades absolutas no se publican.
Estudio un estudio propio · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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