Dos decisiones de salida medidas por separado: subir la salida al precio de entrada cuando la posición gana poco, y anclar la salida por pérdida a la estructura del gráfico en vez de a una distancia fija.
Lo que medimos Dos preguntas sobre la salida con una sola respuesta: con riesgo fijo por operación, mover la salida no es una decisión de salida, es una decisión de tamaño.
Este es el módulo donde el método se vuelve aritmética. Las dos decisiones de esta lección parecen de criterio y son de tamaño de posición.
La regla es popular: en cuanto la posición gana un poco, se sube la salida hasta el precio de compra, para no perder. La pregunta era si el 3 % es demasiado pronto.
| Umbral para subir la salida | Retorno sobre caída |
|---|---|
| Al 3 % de beneficio | 0,53 |
| Al 5 % | 0,49 |
| Al 8 % | 0,41 |
| Al 12 % | 0,40 |
| Sin subirla nunca | 0,44 |
Retrasarla empeora de forma ordenada y no compra menos caída a cambio. El umbral bajo es el mejor de los probados.
Y aun así, la crítica habitual a esa regla es cierta: corta ganadoras. Contando operación a operación, salvó 41 perdedoras que sumaban 215,8 puntos.
Y cedió 10 ganadoras que sumaban 236,7 puntos.
Cada una de ellas valía, de media, un 26,4 %.
El saldo por operación es negativo en 20,9 puntos. Hay un caso que lo ilustra sin ambigüedad: una posición que terminó con 1,9 % de beneficio con la regla.
Sin ella habría dado 87,7 %. Una sola operación se lleva por delante la cuenta de todas las demás.
Las dos cosas son ciertas a la vez, y entender por qué vale más que cualquiera de ellas.
Primero, en este sistema la subida de la salida va acoplada a ampliar la posición: el mismo día que se compra más, se sube la salida. Es el contrapeso de riesgo que permite ampliar. Quien no amplíe posiciones verá la regla como coste puro, y tendrá razón en su contexto.
Segundo, y más general: la cartera tiene seis puestos y capital finito. Las posiciones que se cierran pronto liberan puestos que se vuelven a llenar, y esa rotación no aparece al sumar el resultado de cada operación por separado.
La métrica de sumar por operación no es incorrecta. Es incompleta para un sistema con puestos limitados, y esa distinción se aplica a casi todos los debates sobre reglas de salida.
La segunda decisión parte de un defecto real. En el 99,1 % de las operaciones la salida por pérdida vive dentro de la base: el mínimo de la base está a una mediana del 19,2 % de la entrada, muy por debajo de la salida fija.
Anclarla al mínimo de la base lo confirma: el acierto, que era del 30,8 %, sube con claridad.
Pasa a estar entre el 37,3 % y el 38,2 %, una mejora grande y limpia.
Y el resultado se hunde. Con riesgo constante por operación, una salida más lejana obliga a comprar menos acciones.
La exposición, que era del 39 %, se desploma.
Queda entre el 15 % y el 31 %, sin que nadie lo haya decidido.
Poniendo un tope al tamaño, el mejor caso deja la relación retorno-caída en 0,57, por debajo de la referencia.
Y hay un control que lo remata: apagar el apalancamiento da 0,65 a la misma exposición, sin tocar la salida. Las dos cosas hacen lo mismo, bajar la exposición efectiva, y combinarlas no suma.
Aislando la salida del tamaño, es decir, calculando el tamaño con la distancia estrecha y gestionando con la ancha, la mejora por operación sí transfiere: el resultado medio pasa de 3,02 % a 4,10 %.
El acierto sube al 40,7 %.
Aun así la relación retorno-caída cae a 0,46.
Mantener el tamaño con una salida tres veces más lejana triplica el riesgo por operación, del 1,5 % al 4,5 %, y eso se paga en la caída.
De ahí la regla que ordena el módulo entero. Con riesgo fijo solo se pueden tener dos de estas tres cosas: salida ancha, posición del mismo tamaño y riesgo del mismo tamaño. Elegir dos fija la tercera.
Tratar cualquier cambio de la salida como un cambio de tamaño, y medir la exposición antes y después. Y no juzgar una regla de salida sumando el resultado de cada operación si la cartera tiene puestos limitados: hay que mirar la cartera. Las doce reglas de venta del manual se miden con esa misma vara.
Una acción sube un 3 % desde la compra y la salida se sube al precio de entrada, para no perder. Contando operación a operación, esa regla salvó 41 posiciones perdedoras que sumaban 215,8 puntos, y cedió 10 ganadoras que sumaban 236,7, con una media del 26,4 % cada una. El saldo es negativo en 20,9 puntos, y hay un caso que lo resume: una posición que terminó con un 1,9 % de beneficio con la regla y habría dado un 87,7 % sin ella. Y sin embargo, en la cartera completa la regla gana, porque los 41 puestos que libera se vuelven a usar.
No dice que subir la salida al precio de entrada sea buena idea en cualquier sistema: aquí gana porque va acoplada a la ampliación de posiciones y porque hay puestos limitados. Sin esas dos cosas, la cuenta por operación manda y el signo se invierte. Tampoco dice que anclar la salida a la estructura sea mala idea en general; dice que con riesgo fijo por operación se paga en tamaño. Queda sin medir la combinación de anclar la salida y subir el riesgo por operación para compensar, que a priori pinta mal porque la caída escala peor que la exposición. Las rentabilidades absolutas del sistema no se publican; la evidencia son las diferencias entre variantes. Es una sola trayectoria, sin el mercado bajista de 2008, y el sesgo de supervivencia del universo empuja en contra del resultado, lo que lo refuerza.
Porque una cartera tiene puestos limitados y capital finito. Cada posición que se cierra pronto deja un hueco que se llena con otra señal. Sumar los resultados por separado no ve esa rotación, y por eso una cuenta correcta puede seguir siendo incompleta.
No, y ese es el matiz importante. Sin puestos limitados y sin ampliación de las ganadoras, la cuenta por operación manda y esa regla pasa a ser coste puro. El contexto cambia el signo del resultado, no la aritmética.
Porque el suelo del gráfico queda mucho más lejos que la salida fija. Con un riesgo por operación constante, alejar la salida obliga a comprar menos acciones, y la cartera acaba mucho menos invertida sin que nadie lo haya decidido.
Sí, y bastante. Es el ejemplo perfecto de una mejora real por operación que la cartera no llega a cobrar. Y hay un control que la supera sin tocar la salida: dejar de comprar con dinero prestado da mejor resultado a la misma exposición.
Agosto de 2017 a julio de 2026, un sistema de crecimiento con las reglas del método, fechado por su publicación real y con costes; 234 operaciones. Umbral para subirla al precio de entrada, acoplado a la ampliación: retorno sobre caída 0,53 al 3 %, 0,49 al 5 %, 0,41 al 8 % y 0,40 al 12 %; sin subirla nunca, 0,44; la caída no mejora. La salida vive dentro de la base en el 99,1 % de los casos, a una mediana del 19,2 % de la entrada; anclarla sube el acierto de 30,8 % a entre 37,3 % y 38,2 % y baja la exposición de 0,39 a entre 0,15 y 0,31, por debajo de la referencia. Una sola trayectoria, sin 2008; el sesgo de supervivencia empuja en contra.
Estudio dos estudios propios · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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