Qué hacer con el dinero que un sistema de crecimiento no tiene invertido, que es la mayor parte. La respuesta medida: ponerlo en deuda del Estado a corto plazo y, a la vez, dejar de comprar con dinero prestado.
Lo que medimos Un sistema de crecimiento tiene la mayor parte del dinero quieto. Ponerlo a rentar y dejar de apalancarse mejora a la vez la ganancia y la caída. Es la única combinación de treinta probadas que lo consigue.
Casi todo lo que se enseña sobre invertir en acciones habla del dinero que está dentro del mercado. Esta lección va del otro: el que espera en la cuenta a que aparezca una oportunidad. Resulta ser el que más cambia el resultado final.
Este método compra pocas veces. Pide que la empresa crezca, que la acción esté entre las más fuertes del mercado y que la bolsa en general acompañe. Las tres cosas coinciden pocas veces al año.
La consecuencia es que la cuenta está invertida alrededor de un tercio del tiempo. Los otros dos tercios del capital están parados. Quien dedica meses a afinar cuándo comprar está trabajando sobre un tercio de su dinero.
Se cambian entonces dos cosas a la vez. El saldo parado va a deuda del Estado a muy corto plazo, que apenas se mueve de precio y paga un interés. Y se deja de comprar con dinero prestado por el bróker.
La ganancia anual se queda igual y la peor caída baja casi nueve puntos. La relación entre lo que se gana y lo que se sufre pasa de 0,53 a 0,81.
De unas treinta versiones probadas, es la única que mejora las dos cosas a la vez. Todas las demás cambiaban ganancia por tranquilidad, o al revés.
El titular fácil sería «pon a rentar lo que no usas». La medición dice otra cosa. Hacer solo eso apenas mueve la aguja, 0,56. Dejar solo de comprar con dinero prestado la lleva a 0,65.
Juntas dan bastante más que la suma de las dos por separado, y la razón es sencilla. Sin dinero prestado las compras son más pequeñas, así que sobra más saldo, y ese saldo es justo el que ahora renta. Las dos piezas se alimentan.
Medido aparte, el préstamo del bróker compra algo más de ganancia a cambio de mucha más caída, con las mismas compras y solo cambiando cuántas acciones se llevan cada vez. Y hay un escalón: por debajo de cierto nivel la caída es mucho menor, y por encima se queda plana mientras solo sube la ganancia. Endeudarse a medias es lo peor de los dos mundos.
Una regla que predice algo puede acertar por casualidad. Esta no predice nada: cobra un interés por un dinero que ya estaba en la cuenta. Es muy difícil que salga bien por azar.
Y aguanta las pruebas que suelen matar a las demás. Mejora en los tres tramos del período, incluido aquel en que la deuda a corto plazo casi no rendía. Aguanta los costes de entrar y salir. Y no hace falta aparcarlo todo: aparcando la mitad ya mejora.
De ahí en adelante es una meseta, no un pico, y esa forma importa más de lo que parece. Las ideas que sobreviven por casualidad suelen funcionar con un ajuste exacto y caerse con el de al lado.
Aparcar el dinero comprando el índice, en vez de dejarlo en deuda a corto plazo. Da más ganancia y bastante más dolor.
El motivo es fino y vale la pena entenderlo. Cuando el dinero aparcado sube, el sistema cree que tiene más capital y compra posiciones más grandes. Justo antes de una caída, eso deja las dos patas expuestas, y las dos caen a la vez.
Mirar cuánto tiempo está parado el dinero antes de seguir afinando cuándo comprar. Ponerlo en algo de riesgo casi nulo, no en bolsa. Y tratar el dinero prestado como una decisión de sí o no, porque las medias tintas cuestan ganancia sin ahorrar caída. La otra palanca del mismo tamaño es cuándo se sale.
Imagina una cuenta de cien mil euros con este método. La mayor parte del año no hay nada que comprar: o la empresa no crece lo suficiente, o la acción no está entre las más fuertes, o el mercado general va en contra. De media, solo un tercio del dinero está invertido. Los otros dos tercios llevan meses en la cuenta, quietos, sin rentar un céntimo. Esta lección mide qué pasa cuando ese dinero deja de estar quieto.
No dice que baste con poner a rentar el dinero parado: eso solo aporta una parte pequeña de la mejora. Tampoco dice que convenga aparcarlo en bolsa, que da más ganancia y bastante más dolor. Aquí no se publica lo que rinde ningún sistema concreto: lo que sostiene la lección son las diferencias entre las cuatro versiones del mismo montaje. Es una sola trayectoria y no incluye la crisis de 2008. Y falta la parte práctica: qué instrumento exacto, cómo se compra y se vende cada vez que se abre una posición, y cuánto cuesta eso de verdad en una cuenta pequeña.
Depende de cuánto tiempo pase fuera del mercado. Cuanto más quieto esté el dinero, más pesa. En una cartera que esté siempre comprada del todo no cambia nada, porque no hay saldo que rente. La palanca no es la idea, es el hueco.
Por eso importa dónde espera. La deuda del Estado a muy corto plazo se vende el mismo día y no ha perdido valor mientras esperaba. Cualquier sitio que pueda estar en pérdidas justo el día que toca comprar rompe el sistema entero.
No es lo mismo. El barrido automático que ofrecen algunos brókers paga bastante menos, no está en todas las cuentas y casi nunca fuera de Estados Unidos. Aquí se mide comprar deuda a corto plazo de forma explícita, no dejar que el bróker decida.
No. Las órdenes son las mismas, en las mismas fechas y por las mismas razones: la regla de compra no se toca. Lo que se decide aquí es en qué instrumento aguarda el saldo entre una compra y la siguiente. No hay nada que acertar ni que fallar.
Nueve años, de agosto de 2017 a julio de 2026, y 234 operaciones de un sistema de crecimiento con las reglas del método, con datos fechados por su publicación real y coste de ejecución incluido. La cuenta está invertida el 38,5 % del tiempo. Ganancia por cada punto de caída: 0,53 como estaba, 0,56 rentabilizando solo el saldo, 0,65 quitando solo el préstamo y 0,81 con las dos cosas, con la misma ganancia anual y 8,8 puntos menos de caída máxima. La deuda a corto plazo rindió 2,21 % anual; aparcar en el índice habría dado 0,55. Mejora en los tres tramos del período, aguanta la fricción real de comprar y vender, y basta con aparcar la mitad del saldo. Una sola trayectoria, sin la crisis de 2008.
Estudio dos estudios propios · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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