La letra del liderazgo, medida como se debe: ordenando cada mes todas las acciones por su rentabilidad del último año y comprando el decil más fuerte. Cuánto añade sobre el mismo universo comprado entero, qué caída trae y qué versiones de la idea no funcionan.
Lo que medimos De las siete letras, esta es la única con ventaja de rentabilidad medida: comprar cada mes las acciones más fuertes del mercado y rotar. Son 5,6 puntos al año, y vienen con una caída que casi nadie aguanta.
Esta es la lección más importante del curso y la única con sello verde. La letra del liderazgo, medida en serio, tiene una ventaja de rentabilidad, y las otras seis no.
Comprar cerca del máximo mide la fuerza de una acción contra su propio pasado. Eso no añade rentabilidad, solo cambia la cola. Aquí la fuerza se mide contra las demás acciones del mismo día, y el resultado cambia.
El procedimiento es simple. Cada mes se ordenan todas las acciones vivas y líquidas por su rentabilidad de los últimos doce meses, descontando el último para no recoger el rebote de corto plazo. Se compra a partes iguales el decil más fuerte, se mantiene un mes y se repite: 330 veces a lo largo de veintiséis años, con los costes descontados y las deslistadas dentro.
El decil más fuerte rinde 22,3 % anual contra 16,7 % del mismo universo comprado entero.
Son 5,6 puntos al año durante veintiséis años, sostenidos rebalanceo tras rebalanceo. No es un tramo afortunado de la muestra: es una diferencia que aparece una y otra vez.
La relación entre rentabilidad y riesgo mejora menos de lo que sugiere la rentabilidad: 0,94 contra 0,93.
Y la caída máxima es peor que la del mercado, −57 % contra −49 %. Comprar a los líderes no es comprar tranquilidad.
Lo que sí ordena limpiamente es el conjunto de los diez deciles: la relación entre rentabilidad y riesgo sube de forma monótona desde 0,62 en el más débil hasta 0,94 en el más fuerte.
Un decil cualquiera puede salir alto por azar. Que los diez se ordenen de peor a mejor según la fuerza es mucho más difícil de conseguir por casualidad, y es lo que separa un hallazgo de una coincidencia bien contada.
Merece la pena mirar también la cuarta barra. El índice tecnológico, que en esta década es la referencia mental de mucha gente, rindió 8,8 % anual con una relación retorno-riesgo de 0,47, la peor de las cuatro.
Su caída máxima llegó al −80 %. La ventana empieza en el máximo de la burbuja de 2000, así que ese número es duro con él por construcción y así se declara.
La versión académica clásica compra el decil fuerte y vende el débil. Aquí pierde −4,1 % anual y llega a caer un −93 %.
La razón tiene nombre y se ve en un mes concreto: en el giro de abril de 2009 esa combinación perdió un −49 %. Las perdedoras rebotan con violencia justo cuando el mercado gira, y ese rebote se come años de ventaja.
La conclusión práctica es tajante: comprar fuertes, nunca vender débiles.
Una caída del −57 % no la aguanta casi nadie con dinero real. La versión con filtro está dentro solo cuando el índice cotiza sobre su media de 200 sesiones.
Con ese filtro la rentabilidad baja a 19,8 % y la caída máxima a −37 %.
La relación entre retorno y riesgo queda en 0,97, la mejor de las cuatro. Se ceden dos puntos y medio de rentabilidad por veinte puntos de caída, que es el mismo intercambio de todo el curso: el retorno se compra con exposición y el riesgo se controla saliendo.
Medir el liderazgo contra las demás acciones y no contra el propio pasado de la acción. Comprar solo el lado fuerte, diversificado y rotando. Y aceptar que sin un filtro de mercado detrás, esta ventaja viene con una caída que la mayoría no soporta.
Primer día hábil de cada mes se ordenan las 449 acciones elegibles de media por su rentabilidad de los últimos doce meses, quitando el último para no recoger el rebote de corto plazo. Se compran a partes iguales las 45 primeras, se mantienen un mes y se repite. Descontando 10 puntos básicos —una décima de por ciento— por cada lado de cada rotación, esa cartera rindió un 22,3 % anual entre 2000 y 2026, contra un 16,7 % de comprar las 449 y no tocarlas. La misma operación al revés, vendiendo además el decil más débil, pierde un 4,1 % anual.
No dice que esto sea una estrategia lista para usar: son deciles a partes iguales, sin optimizar nada, pensados como prueba de que la señal existe. No dice tampoco que el decil más débil rinda lo que aparece aquí, porque a ese grupo le faltan las deslistadas y su número está inflado; lo que sí es fiable de él es su relación retorno-riesgo, la peor de las diez. La ventana arranca en el máximo de la burbuja tecnológica, lo que la hace dura y penaliza al índice tecnológico de la comparación. El universo son 547 acciones grandes, con una mediana de 449 elegibles al mes: no hay medición sobre compañías pequeñas. Y la rotación mensual es alta, así que en una cuenta con impuestos el resultado neto es menor que el medido con 10 puntos básicos por lado. Esto convive con la fuerza medida contra el propio pasado sin contradecirla: aquella no paga retorno, y esta sí.
En contra de qué se mide la fuerza. Una cosa es compararse con el propio pasado de la acción y otra compararse con las demás del mismo día. La palabra es la misma y las dos ideas dan resultados distintos: solo la segunda añade rentabilidad.
Porque a un mes de plazo el efecto se invierte: lo que más subió el mes pasado tiende a corregir. Tomar doce meses menos el último separa la tendencia de medio plazo del rebote de corto, y es la definición estándar de esta medida.
Casi nadie puede, y por eso la versión sin filtro es una demostración, no una propuesta. Lo que hace el filtro no es cambiar la señal, sino decidir cuándo se está dentro. Quien no soporte el vaivén tiene ahí su ajuste, y le cuesta rentabilidad.
No está medido, y es la objeción más seria. La rotación es mensual, así que en una cuenta con impuestos la ganancia se realiza año a año en vez de diferirse. Lo que sostiene la medición es la dirección y el tamaño del efecto, no esta forma de aplicarlo.
2000 a 2026, 330 rebalanceos mensuales; 547 acciones, mediana de 449 elegibles al mes; señal de 12 meses menos el último, deciles a partes iguales, 10 puntos básicos por lado, deslistadas con retorno terminal. Decil más fuerte, 22,3 % anual, relación retorno-riesgo 0,94 y caída máxima 57 %; universo entero, 16,7 %, 0,93 y 49 %; decil más débil, 17,4 %, 0,62 y 57 %, al que le faltan las deslistadas; índice tecnológico, 8,8 %, 0,47 y 80 %. Con el índice sobre su media de 200 sesiones: 19,8 %, 0,97 y 37 %. Comprar el fuerte y vender el débil: −4,1 % anual, caída del 93 % y peor mes de −49 % en abril de 2009. La ventana arranca en el máximo de la burbuja tecnológica.
Estudio un estudio propio · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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