La comprobación de que la ruptura clásica «ya no funciona», y de las dos correcciones que suelen proponerse: entrar antes, dentro de la base, y poner la salida por debajo de la estructura en vez de a una distancia fija.
Lo que medimos Se dice que la ruptura clásica perdió consistencia por los algoritmos. En nueve años de señales propias no se ve: el resultado por señal sube de un tercio al siguiente. Lo constante es el susto.
Cada pocos años reaparece el mismo argumento: la ruptura clásica ya no funciona porque los algoritmos se adelantan, y hay que entrar antes y poner la salida en la estructura. La versión reciente venía con tres gráficos y ninguna estadística. Aquí está medida sobre nueve años de señales propias, con la mecánica y los costes reales.
Partiendo el período en tres tercios, el resultado medio por señal va de +0,31 a +0,43.
Y en el último tercio llega a +0,88 veces el riesgo asumido. Sube, no baja.
El acierto sí cae, del 30,4 % al 25,7 %, y las dos cosas juntas describen un sistema que acierta menos y gana más cuando acierta. Es el perfil normal de dejar correr a los ganadores, no el de una señal que se apaga.
La pendiente estimada es de +0,15 por año.
Y su intervalo, de −0,01 a +0,25, roza el cero.
Con 347 casos no hay potencia para afirmar que mejora, y así se declaró antes de medir. Lo que sí queda descartado es la degradación, porque ninguna de las condiciones que la definirían se cumple.
El criterio de potencia se había fijado de antemano en 69 casos frente a los 150 que harían falta en el primer tercio, y no se alcanzó.
Sobre una muestra mayor, 526 casos, incluyendo entradas que el sistema no haría, la pendiente es +0,13 por año.
Su intervalo, de 0,03 a 0,19, ya queda fuera del cero. Esa segunda cuenta se declara como exploratoria porque cambia la población.
Aquí está el hallazgo que ordena toda la discusión. Alrededor del 77 % de las rupturas vuelve por debajo del nivel que acaba de romper dentro de las diez sesiones siguientes.
Y esa proporción se mantiene todos los años, del 62 % al 96 %. No es un efecto de los algoritmos ni de esta década: es la forma normal del movimiento. Quien espere que una ruptura buena no retroceda va a cerrar casi todas sus operaciones buenas.
La perforación discrimina muchísimo. La ruptura que no perfora acaba ganando alrededor del 60 % de las veces.
La que sí perfora gana entre el 15 % y el 23 %. El problema es que nadie sabe de antemano cuál será cuál, así que el susto se gestiona con una salida al cierre y no se filtra por adelantado.
La primera corrección propuesta es comprar dentro de la base, más lejos del máximo. Se probó a cuatro profundidades crecientes, con la gestión intacta.
El resultado empeora de forma monótona con la profundidad: la variante más superficial es la mejor de las cuatro y aun así queda por debajo de la referencia, y a partir de cierta profundidad el resultado se vuelve negativo.
La versión literal del argumento, comprar en la mitad inferior de la base, dio 17 operaciones con un acierto del 11,8 %. Se está comprando debilidad con la esperanza de que se convierta en fuerza, que es exactamente lo que no avisa.
La segunda corrección suena a prudencia: en vez de una salida a distancia fija, ponerla justo debajo del mínimo de la base. Deja menos de la mitad del resultado.
La razón se ve en una sola cifra. En el 99,1 % de las operaciones, el mínimo de las diez sesiones previas quedaba por debajo de la salida del sistema. Poner la salida ahí la ensancha siempre.
Y con tamaño ajustado por riesgo, una salida más ancha significa comprar menos acciones. No se está protegiendo mejor: se está dimensionando más pequeño y llamándolo prudencia.
No abandonar la ruptura porque alguien enseñe tres gráficos. Contar con el susto como parte del negocio y no como señal de error. Y desconfiar de cualquier cambio de salida que se presente como más prudente sin medir antes si es más ancha o más ceñida que la que sustituye.
Se parten nueve años de señales de ruptura en tres tercios iguales y se mide el resultado medio por señal en múltiplos del riesgo. El primer tercio da +0,31, el segundo +0,43 y el tercero +0,88. Si las rupturas se hubieran degradado, la serie iría al revés. El acierto sí baja, del 30,4 % al 25,7 %, y ahí está la clave: se acierta menos y se gana más por acierto, que es el perfil normal de un sistema que deja correr a los ganadores. Con 347 casos el contraste no tiene potencia suficiente para afirmar la mejora, pero sí para descartar la degradación.
No dice que las rupturas hayan mejorado: con 347 casos el contraste no tiene potencia, y así se declaró antes de medir. Dice que ninguna de las condiciones de degradación se cumple. Tampoco dice nada sobre los años noventa ni sobre el cambio de reglas de precios de principios de siglo: la ventana empieza en 2017 y refuta «se siguen degradando», no «entonces era distinto». La perforación se mide con el mínimo del día mientras el sistema decide al cierre, así que es un techo de lo visible y no de lo que realmente dispararía. Las dos correcciones se probaron como variantes exploratorias, con una sola trayectoria y sin el mercado bajista de 2008. Y un detalle de la variante que mejor salió: más de la mitad de su ganancia extra venía de dos operaciones del mismo valor, lo que la convierte en un pico aislado y no en un hallazgo.
Que tras superar un máximo el precio se vuelve a meter por debajo de él en los días siguientes. No es una anomalía moderna ni una señal de que la operación esté mal: es la forma normal en que se mueve el precio después de una ruptura, y ocurre en la gran mayoría de los casos.
Porque la diferencia entre las dos poblaciones solo se conoce después. Con la información disponible el día de la compra son indistinguibles, así que el único sitio donde se puede actuar es la salida. Un filtro que necesita el futuro no es un filtro.
Porque el método pide comprar lo que ya está fuerte, y meterse dentro de la base es comprar antes de que la fuerza aparezca. La apuesta implícita es que la debilidad se convertirá en fuerza, y probada a cuatro profundidades sale peor cuanto más profunda.
No. La ventana empieza en 2017 y no toca el cambio de reglas de precios de principios de siglo ni la burbuja de los años noventa. Refuta que se sigan degradando ahora; no dice nada sobre cómo eran entonces.
Agosto de 2017 a julio de 2026, señales de un sistema de crecimiento con las reglas del método, fechadas por su publicación real, con costes. Pre-registrado sobre 347 señales: por tercios, +0,31, +0,43 y +0,88 veces el riesgo; pendiente +0,15 por año, de −0,01 a +0,25 por remuestreo. Sin potencia: 69 casos en el primer tercio frente a los 150 exigidos. Exploratorio con 526 señales: +0,13 por año, de 0,03 a 0,19. Perforación anual entre 62 % y 96 %; la que no perfora gana el 60 % y la que perfora, entre el 15 % y el 23 %. La entrada anticipada literal dio 17 operaciones y 11,8 % de acierto; la salida bajo el mínimo de diez sesiones era más ancha en el 99,1 % de los casos.
Estudio un estudio propio · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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