Las cuatro varas con que se mide toda regla del curso: el índice con dividendos, el mismo universo sin filtro y en la misma fecha, la exposición igualada, y la lista completa de empresas, incluidas las que dejaron de cotizar.
Lo que medimos Casi todo lo que se publica sobre acciones se compara contra cero, y en una ventana larga casi cualquier cesta sube. Aquí toda regla se mide contra cuatro referencias, y quitar cualquiera mejora las cifras sin mejorar nada.
Una regla sobre acciones no se juzga por lo que gana. Se juzga por lo que gana comparada con lo que el lector podría hacer sin ella. Esta lección fija las cuatro referencias que usa el curso entero, y explica por qué quitar cualquiera de ellas mejora las cifras sin mejorar la regla.
En una ventana larga casi cualquier cesta de acciones grandes sube. Un resultado positivo no separa una regla con información de una regla sin ella: separa haber estado dentro del mercado de no haber estado.
Y así se publica casi todo: la rentabilidad acumulada, una curva que sube, y nada al lado con lo que compararla. La cifra es cierta y no informa de nada.
La primera referencia es comprar el índice y olvidarse, con los dividendos reinvertidos. Es lo que cualquiera puede hacer sin trabajo, y por tanto el suelo de cualquier propuesta: por debajo de él, la regla es una forma cara de comprar mercado.
La elección del índice tampoco es un detalle. En la misma ventana de nueve años, los dos que más se enseñan quedan así:
| Índice | Ganancia al año | La peor caída | Ganancia por punto de caída |
|---|---|---|---|
| El amplio | 14,75 % | −33,7 % | 0,44 |
| El tecnológico | 19,78 % | −35,1 % | 0,56 |
Cinco puntos anuales de diferencia bastan para que una misma regla parezca buena o mala según contra cuál se la enseñe. Aquí se declara siempre cuál, y cuando el resultado depende de esa elección, se dice.
La segunda referencia es el mismo universo sin el filtro. Y hay una manera de hacerla que resuelve un problema difícil casi gratis: comparar cada tramo contra los demás tramos de su propia fecha, no contra la media del período entero.
Ordenadas todas las acciones vivas y líquidas de ese día, el movimiento general del mercado afecta igual a los dos lados de la comparación y desaparece por construcción. No hay que estimarlo ni descontarlo: no llega a entrar.
Aplicado a la doctrina de comprar las más fuertes, el resultado cambia de signo. Así quedan los tramos de fuerza relativa medidos a seis meses:
| Tramo de fuerza | Mediana | Acierto | Pierde más de la mitad |
|---|---|---|---|
| 90 a 100, el de la doctrina | −0,15 % | 49,8 % | 6,38 % |
| 60 a 80, el intermedio | 2,65 % | 55,2 % | 1,71 % |
La media de ese tramo alto, en cambio, es del 8,27 %, y la ponen unos pocos que más que doblan. Cuando la media y la mediana no coinciden, la diferencia la hace la cola, y aquí la hace entera.
La tercera referencia es la que casi nadie usa. Un sistema de crecimiento pasa mucho tiempo fuera del mercado, y comparar su rentabilidad con la de un índice invertido siempre mezcla dos méritos distintos: elegir bien y arriesgar menos. El control correcto es el índice llevado con la misma exposición diaria y el resto en efectivo.
Lo que sobre es lo que aporta la selección; lo que desaparezca era estar menos expuesto.
La cuarta es el universo completo. De las 5.140 acciones líquidas de la ventana, 1.785 dejaron de cotizar. Están todas dentro de cada medición, con su resultado final.
Falta una vara más, que no es una referencia. Una diferencia entre dos grupos puede ser cierta en la muestra y no serlo en el mercado. Con intervalos de confianza, dos afirmaciones de la tabla anterior se cayeron: la ventaja en media y la mediana negativa del tramo alto, las dos con márgenes que cruzan el cero.
Lo que sobrevivió fue otra cosa. El exceso de probabilidad de perder más de la mitad, respecto al mercado de esa misma fecha, es de 2,62 puntos para el tramo más fuerte, y su margen no llega a tocar el cero.
Ese filtro no anticipa el retorno de forma fiable; anticipa el desastre, y en la dirección contraria a la que se enseña.
Cuando aparezca una cifra de acciones, la pregunta no es cuánto ganó, sino contra qué. Si la respuesta es «contra nada», la cifra no dice si la regla sirve. Y si la respuesta es un índice, hay que preguntar cuál, si lleva dividendos y a qué exposición. Las tres trampas del dato que estropean cualquier medición están en cómo se lee esta sección.
La doctrina dice que hay que comprar el tramo de fuerza más alto. Medido a seis meses sobre el universo completo, ese tramo da una rentabilidad media del 8,27 %, que suena a confirmación. La mediana del mismo tramo es del −0,15 %: la media la ponen unos pocos que más que doblan. El tramo intermedio gana por mediana y produce muchos menos desastres. Comparado contra cero, el tramo alto gana. Comparado contra el resto del mismo universo, es el peor sitio por mediana y el segundo peor por desastres. Las dos cifras son ciertas; la que decide depende de contra qué se mire.
No dice que el índice sea la mejor inversión, ni que un sistema que pierde contra él no valga: puede valer por su caída máxima o por su comportamiento en los años malos, y eso se mide aparte. Tampoco dice que las cifras de fuerza relativa del ejemplo sean el veredicto de esa letra, que tiene su propia lección con su propia medición. La ventana de nueve años del índice no contiene un mercado bajista largo, lo que favorece de forma estructural a comprar y olvidarse, y se declara. Y las tablas descriptivas de media, mediana y acierto van sin intervalo: solo las tasas de desastre lo traen.
Porque quien compra el índice los cobra. Medir un sistema contra el índice sin ellos le regala varios puntos al año que existen en la realidad de cualquier ahorrador. Es la forma más silenciosa de ganar una comparación: elegir de referencia algo peor que lo que el lector tiene disponible.
Para descartar sí; para consagrar no. Esta no contiene un mercado bajista largo, y eso favorece de forma estructural a comprar y olvidarse. Cualquier comparación contra el índice en esta ventana juega, por tanto, en el campo del índice, y conviene decirlo antes que después.
Que no queda nada que estimar. Descontar el movimiento común exige un modelo, y el modelo puede estar mal sin que se note. Ordenar las acciones vivas de esa fecha y enfrentar unos tramos con otros deja fuera ese movimiento sin necesidad de calcularlo.
Cambia el signo de algunas cosas. Un estudio hecho con la lista de hoy mide un mercado del que se retiraron los desastres, y por eso publica cifras mejores que las que hubo. No es un matiz de tercer decimal: es medir un mercado que nunca existió.
Entonces corre la mitad del riesgo, y hay que decirlo. La comparación justa es contra el índice llevado con esa misma exposición día a día y el resto quieto. Lo que quede después del ajuste es lo que aportó elegir; el resto era, sencillamente, arriesgar menos.
Índices con dividendos reinvertidos, de agosto de 2017 a julio de 2026, 8,98 años: el amplio, 14,75 % anual, caída máxima 33,7 % y relación retorno-caída 0,44; el tecnológico, 19,78 %, 35,1 % y 0,56. Fuerza relativa sobre el universo propio de 5.140 acciones, 1.785 deslistadas (35 %), de agosto de 2016 a julio de 2026, a 126 sesiones: tramo 90-100 con media 8,27 %, mediana −0,15 %, acierto 49,8 % y 6,38 % de casos con pérdida superior a la mitad; tramo 60-80 con 2,65 %, 55,2 % y 1,71 %. Intervalos por remuestreo, 2.000 réplicas: la ventaja en media va de −1,24 a +3,53 puntos y la mediana del tramo alto de −4,54 a +1,66; el exceso de desastre del tramo alto, 2,62 puntos, de 0,88 a 4,22.
Estudio dos estudios propios · publicado el 8 sep 2026. Los datos de acciones son de un universo propio con fecha de publicación real y con las empresas deslistadas incluidas: más de cinco mil nombres y 5,1 millones de observaciones desde 2016.
Anterior: Qué promete CANSLIM: siete letras, siete afirmaciones medibles
Siguiente: El crecimiento trimestral y anual: cuánto selecciona de verdad
Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
Polaris seguirá siendo gratis y sin registro.