Lo que hay que pedirle a cualquier cifra de futuros antes de creerla: qué años, en qué unidad, con qué coste por lado y con qué datos. Es el filtro que se aplica a las lecciones siguientes.
Lo que medimos En futuros, una cifra necesita además su unidad, su coste por lado y su fuente de datos. Tres trampas pasan con el código correcto, y esta lección enseña a verlas.
El curso de opciones empieza con tres preguntas que valen igual aquí: qué años, sobre qué se divide cada cifra y dónde pierde la regla. Esta sección añade lo que un futuro exige de más, porque el instrumento cambia la unidad en que se mide, el coste que se paga y los datos con que se comprueba.
Todo lo intradía sale de nueve años de los dos futuros del índice minuto a minuto en la sesión regular, la sesión completa con la noche desde 2023, y un año de operaciones con el lado que agredió cada una.
Lo que no se ha medido se dice igual de claro: cada lección declara su ventana y no extrapola fuera de ella. Y el nombre de una serie no es su contenido. Antes de usarla se cuenta cuántas sesiones tiene por año y con qué reloj, porque una serie cuyo nombre promete diecisiete años puede contener cuatro.
Un punto del Nasdaq no vale hoy lo que valía hace nueve años: el rango de un día se multiplicó por nueve sin que el riesgo hiciera lo mismo.
Por eso ninguna cifra intradía se publica en puntos a secas. Va con su equivalente en rango medio reciente, o en múltiplos del stop. Es lo que hace comparable un día de hace nueve años con uno de hoy.
La ventaja intradía es delgada y el coste se la come. Un stop mediano de un sistema de apertura son 43 puntos, que en un micro del Nasdaq salen 86 $ por contrato.
Cada operación tiene dos lados, y cada lado paga comisión, media horquilla y deslizamiento. Aquí el coste se declara siempre por lado y por contrato, y se mide operación a operación. Toda lección que afirme que una regla gana dinero dice si sobrevive al doble del coste.
El reloj. Unos minutos exportados con un desfase fijo todo el año, leídos como si siguieran el horario de verano, hacen que «la sesión regular» mida en realidad otras horas. La prueba que lo destapa es correlacionar cada minuto contra el fondo cotizado del índice.
Y lo peor viene después: un filtro que descarte las sesiones que no abren a su hora se come los inviernos enteros sin avisar, dejando 165 sesiones válidas al año en vez de 250. Un filtro que tira datos tiene que gritarlo.
La fuente. Un canal de datos que solo ve una fracción del mercado afloja los filtros sin tocar una línea de código: pedir 1,5 veces el volumen normal se convierte en pedir 1,3 veces. La prueba que lo caza es correr la misma lógica sobre dos fuentes y comparar qué días opera y a qué hora, no las cifras finales.
Conviene entender por qué esa trampa es tan cara. El reloj no rompe nada de forma visible: deja una serie completa, con sus barras y sus precios correctos, solo que etiquetadas con la hora equivocada. Todo lo que se mida encima hereda el error.
El cierre. El precio con que se liquida un contrato no es la última barra del día, sino un promedio de los últimos segundos que no coincide con ninguna operación. Ese precio decide el resultado que ves, los márgenes y los stops de la noche.
Pedirle a cada cifra su unidad, su coste por lado, su fuente y su reloj, y desconfiar de cualquier filtro que no diga cuántas sesiones descartó. Las tres trampas no se arreglan con más historia ni con mejor código: se arreglan mirando.
Una exportación de minutos del /ES con la hora en un desfase fijo de cinco horas todo el año, sin horario de verano. Medida contra su ETF, la correlación de un minuto da 0,19; corrigiendo una hora, 0,64; con el desfase bien puesto, 0,82. Entre medias, «la sesión regular» empezaba a las diez y media, el filtro que descartaba las sesiones que no abrían a la hora se comía los inviernos, y un sistema de apertura medido sobre esos minutos no abría a la apertura. El código era correcto; el reloj, no. Ninguna cifra sobrevive a eso.
Pasar las seis preguntas no significa que una regla funcione: significa que merece medirse. Y las tres trampas son las más frecuentes; habrá otras, y todas se cazan igual: mirando los datos antes que la curva.
Tampoco dice cuánto cuesta operar de verdad: eso lo mide la lección de costes con las operaciones reales, y hasta entonces cualquier coste de esta sección es un modelo declarado como tal.
Porque el punto cambia de tamaño con los años mientras el riesgo no lo hace. Un objetivo fijo en puntos era enorme hace nueve años y hoy es ruido, así que dos cifras en puntos de años distintos no se pueden comparar aunque parezcan la misma medida.
No, y eso es lo que las hace caras. Las tres producen curvas de aspecto normal, con el código correcto y sin ningún error en pantalla. Solo aparecen si uno va a buscarlas a propósito, contando sesiones o comparando decisiones entre dos fuentes.
El reloj, porque contamina todo lo que se mida encima y además se lleva por delante los inviernos completos. La fuente es la más silenciosa: afloja los filtros sin cambiar nada visible. El cierre solo importa cuando se liquida algo.
La unidad y el coste por lado valen para cualquier instrumento intradía. El reloj y el cierre son propios de los futuros, que cotizan casi todo el día y se liquidan con un precio calculado. En acciones la trampa equivalente es otra.
Todo propio. Minutos de los dos futuros del índice de abril de 2017 a julio de 2026 en la sesión regular y de junio de 2023 a julio de 2026 en la sesión completa; operaciones con lado agresor de julio de 2025 a julio de 2026. Prueba del reloj: correlación de un minuto contra el fondo cotizado, 0,19 sin corregir y 0,82 con el desfase bien puesto; mal puesto, un filtro de apertura deja 165 sesiones válidas al año en vez de 250. Un canal de datos parcial ve el 1,4 % del volumen, y un umbral de 1,5 veces la media se queda en 1,3 efectivo.
Estudio tres estudios propios · publicado el 7 sep 2026. Los precios de futuros son de /ES y /NQ minuto a minuto (2017-2026) y operación a operación con lado agresor (2025-2026); los diarios de varios mercados, de una serie continua ajustada.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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