Cada década de retraso multiplica el esfuerzo por más de dos, y el multiplicador crece con la edad. Ninguna rentabilidad razonable compensa el tiempo perdido.


Para llegar al mismo millón real a los 65, empezando a los 25 hacen falta 448 dólares al mes. Empezando a los 35, 903 — el doble. A los 45, 1.952. A los 50, 3.193: ×7,1 el esfuerzo del que empezó a los 25.
Y el multiplicador empeora con la edad: ×2,0 entre los 25 y los 35, ×4,4 entre los 35 y los 45. La media es ×2,19 por década, pero no está repartida — cada año que pasa, el siguiente año de retraso es más caro que el anterior.
La pregunta que sigue siempre es la misma: ¿y si invierto mejor? La respuesta está en el segundo gráfico, y es que no. La rentabilidad extra necesaria para compensar una década deja de ser alcanzable con riesgo razonable a partir de cierta edad.
Dicho de otro modo: el tiempo no se compra con rentabilidad. Es el único insumo del interés compuesto que no admite sustituto.
No dice que empezar tarde no sirva. Dice que cuesta más, y cuánto — que es exactamente lo que hace falta saber para decidir si aumentar el aporte o mover la meta.
Asume aporte constante en poder adquisitivo durante décadas. En la vida real los ingresos crecen, y quien empieza tarde suele poder aportar más de lo que podía a los 25 — el estudio no modela eso.
Es la cara contraria del mito de los primeros cien mil: allí se ve por qué el arranque es lento, aquí lo que cuesta retrasarlo.
Meta de un millón real a los 65 años, con aporte constante en poder adquisitivo. Una cohorte por cada mes de arranque entre 1871 y 2026.
Estudio F-FIN-005 · analizado el 2026-07-24. Es un estudio puntual: se hace una vez y deja un veredicto, a diferencia de los estudios de la biblioteca, que son condiciones medidas todos los días contra su línea base.
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