El calendar vende la opción de un mes y compra la del mes siguiente sobre el mismo strike: cobra el tiempo corto, que corre rápido, y paga el largo, que corre despacio. Gana si el índice se queda cerca del strike. Esta lección mide si el tiempo que se compra se paga.
Lo que medimos El tiempo que compras también se va. Ninguna de las trece formas medidas del calendar gana lo que dan las letras, y el índice se mueve más de lo que la estructura aguanta.
Todo lo anterior vendía o compraba un solo vencimiento. El calendar junta dos, sobre el mismo strike: uno cercano vendido y otro más lejano comprado.
La corta pierde valor deprisa porque le queda poco tiempo; la larga, despacio. Esa diferencia de velocidades es lo que se compra.
Se paga con un débito que es también la pérdida máxima. Si el índice se queda en el strike, la corta vence sin valor y la larga conserva el suyo; si se aleja, las dos valen poco.
Se midió el de libro y doce variantes: sin stop, a vencimiento, con otro objetivo, con la larga más lejos, con puts, sesgado y filtrado por volatilidad.
| Índice, 2005-2026, débito como riesgo | Retorno anual | Caída máxima | Acierto |
|---|---|---|---|
| Calendar en el dinero, de libro | −7,2 % | −85 % | 52 % |
| A vencimiento de la corta | −7,5 % | −89 % | 40 % |
| Con la larga más lejos | −3,7 % | −70 % | 53 % |
| Solo con la volatilidad baja | −0,3 % | −46 % | 57 % |
| Efectivo en letras, sin operar | 2,27 % | 0 % | — |
Ninguna forma del calendar bate al efectivo, y la mayoría lo pierde casi todo por el camino.
El de libro deja −7,2 % al año con −85 % de caída, y eso acertando más de la mitad de las veces.
Porque la cuenta no está en el acierto: la ganadora media deja +31 % del débito y la perdedora −53 %. Se cobra un cuarto y se paga la mitad.
Lo que decide cada operación es cuánto se mueve el índice. En 31 % de ellas se movió menos de un uno por ciento.
Ahí el calendar dejó +31 % del débito, acertando 98 %.
En 42 % se movió más de un tres por ciento, y ahí dejó −50 %.
Acertando solo 5 %. El movimiento mediano fue de 2,2 %: el índice se mueve más de lo que un calendar a un mes aguanta.
Y no hay gestión que lo arregle: la pérdida llega con el movimiento.
Los costes pesan. Cruzar cuatro veces la horquilla, más las comisiones, se lleva 11 % del débito en cada operación.
Pero no es solo eso: valorando las salidas al punto medio, sin horquilla ni comisión, la operación media sigue dejando −5,8 %. El calendar pierde antes de pagar.
La razón está en la larga. Se compra tiempo, y ese tiempo también se gasta: cuando vence la corta, la larga ya ha perdido una parte de lo que costó.
Dejar vencer la corta no ayuda, −7,5 % con −89 % de caída.
Alargar la larga sí ayuda, algo, porque su tiempo corre más despacio.
Sesgarlo hacia el lado de la put lo empeora, −9,0 %, con +27 % en el único año bueno reciente: cobra algo en el año que cae y lo devuelve en los que suben.
El calendar es largo de volatilidad: gana si la implícita sube después de abrirlo.
Abrirlo solo cuando está por debajo de su mediana anual es la forma menos mala, −0,3 % con −46 % de caída.
Solo cuando está por encima, −2,1 %. Ni comprando la volatilidad barata llega al efectivo.
Hay una lectura más simple. Quien vende una put cobra por asumir el riesgo de una caída, y el mercado le paga por ello.
Quien monta un calendar no asume ese riesgo: compra que el precio no se mueva, y nadie paga prima por quedarse quieto.
Sobre acciones, con la misma máquina, el de libro dejó −9,2 % con −90 % de caída.
Acertando 45 % y dejando −23 % del débito por operación.
Allí el débito es 1,75 % del precio, el doble que en el índice, y una acción de moda se mueve mucho más de lo que ese débito aguanta.
El tamaño no cambia el signo. Y las marcas son al punto medio de cada día: una posición que vale poco y se cierra en pánico se llenaría peor.
La ventana es alcista y con dos años de volatilidad extrema. En un índice que se quedara quieto durante años el calendar ganaría; aquí se quedó quieto un mes de cada tres, y eso no paga los otros dos.
Si lo que se quiere es vender tiempo, se vende una opción y ya está. El calendar cobra por un lado lo que paga por el otro, y lo que queda en medio es la horquilla. Ninguna de las trece formas medidas llegó a lo que rinde el dinero parado en letras.
El 18 de mayo de 2009, con el índice a 91,23, se vende la call 91 de junio y se compra la call 91 de julio por 1,02 de débito, 102 $ por contrato, cuarenta contratos. El 15 de junio el índice está en 92,90, un 1,8 % más arriba: la corta ha perdido casi todo su tiempo y la larga conserva el suyo; el calendar vale 1,39 y se cierra con 1.272 $ de ganancia, un 36 % del débito. El 6 de marzo de 2020, con el índice a 297, se monta el mismo calendar por 3,31; trece días después el índice está en 240 y las dos calls valen casi nada: el calendar se recompra a 1,04, un 69 % del débito perdido, con el stop de la mitad ya rebasado. Un mes quieto paga un tercio; un mes movido cuesta dos tercios.
Está medido con la corta y la larga en el mismo strike, elegido el día de la apertura, y sin tocar la posición hasta la salida. No dice nada de la diagonal, en la que la corta se rola cada mes sobre una larga que se conserva, ni del doble calendar, ni de ajustar el strike cuando el índice se aleja: son las dos lecciones siguientes. Tampoco de los calendars a discreción, con entradas elegidas a mano, que es como los opera un portafolio propio con dinero real y que esta medición no replica.
Las variantes son trece y todas negativas, pero la más suave, la de la volatilidad baja, se apoya en un filtro elegido después de ver los datos. Y el débito como riesgo con tope de cuarenta contratos deja el programa con menos riesgo del enunciado: la cifra por operación no cambia, la caída del capital sí sería mayor sin el tope.
Entonces ya no es un calendar: es una diagonal, y se mide aparte. Aquí las dos patas se abren y se cierran juntas, sin tocar nada por el camino.
No está medido. El strike se elige el día de la apertura y no se mueve; ajustarlo a mitad de camino es otra estrategia, con su propia cuenta de horquillas.
No lo replica. Esta medición abre siempre, sin elegir el momento. Un operador que elige cuándo entrar está haciendo otra cosa, y esa otra cosa habría que medirla con sus propias entradas.
Sí, y por eso no se presenta como una recomendación. El filtro de volatilidad baja se eligió después de mirar los datos, y ni siquiera así el programa llega a positivo.
Índice (SPY) de 2005 a 2026: se vende el mensual más cercano a 30 días y se compra el más cercano a 60 —o a 90, o el par de 45 y 75—, los dos listados el día de la apertura y sobre el mismo strike. El débito es la larga al ask menos la corta al bid, con la semihorquilla medida y comisión por pata; las marcas son diarias al punto medio. Las dos patas se cierran al llegar a un cuarto de ganancia, a la mitad de pérdida, o el día antes de que venza la corta. Los contratos salen de arriesgar un 10 % del capital vivo por el débito. En acciones se repite año a año sobre las doce que más opciones mueven.
Estudio cuatro estudios propios · publicado el 6 sep 2026. Los datos de opciones proceden de HistoricalData.net.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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