Cuántos contratos vender es la decisión que más pesa en el resultado, y la que menos se enseña. Esta lección junta lo que el curso midió sobre el tamaño en cuatro sitios distintos: el nocional, el riesgo definido, el tanto por ciento por nombre y el capital de referencia. Y deja una sola regla.
Lo que medimos El tamaño no es un ajuste: es la estrategia. La misma put del índice rinde el doble y cae cuatro veces más solo con multiplicar los contratos. Se decide por la peor pérdida en dólares sobre el capital vivo.
El sector dimensiona de tres formas y las tres tienen una trampa.
Por nocional: tantos contratos como lotes de cien acciones compraría el capital, y sus múltiplos. Eso es apalancar, aunque no se llame así.
Por riesgo definido: un tanto por ciento del capital en la pérdida máxima de la estructura, que en un spread es el ancho menos el crédito.
Y por nombre: un tanto por ciento del capital en cada acción.
Hay una cuarta decisión que no parece de tamaño y lo es: sobre qué capital se cuenta. Los contratos calculados sobre el capital inicial dejan de seguir a la cuenta en cuanto compone.
| Put vendida del índice, veintiún años | Retorno anual | Caída máxima | Margen exigido |
|---|---|---|---|
| Una put por cada cien acciones del capital vivo | 5,6 % | −21 % | 19 % |
| El doble | 8,5 % | −45 % | 38 % |
| El triple | 10,6 % | −64 % | 57 % |
| El cuádruple | 11,6 % | −78 % | 76 % |
| El quíntuple | 11,3 % | −87 % | 94 % |
Por nocional, el retorno sube hasta el cuádruple, 11,6 %, y baja al quíntuple, 11,3 %.
La caída, en cambio, no para: de −21 % a −87 %.
Con la cuenta en 36.000 $ de cada cien mil en el fondo del pánico de 2020. Al doble ya cae más que el índice sin ganar lo que gana el índice.
El margen no avisa: lo permite. La put desnuda del índice exige el 19 % del capital al tamaño de una por cada cien acciones, y deja llegar a 5,2 veces.
Al quíntuple exige el 94 %, y la cuenta habría recibido 37 llamadas de margen, la primera un año antes de la crisis. Lo que el margen permite es lo que liquida.
Por riesgo definido, la trampa está en el ancho. Con el diez por ciento del capital vivo en la pérdida máxima, el spread con el ala estrecha vende 23 contratos y cae −40 %.
Con el ala intermedia, 17 contratos y −33 % de caída.
Con la ancha, 8 contratos y −23 %.
El mismo diez por ciento son tres tamaños distintos, y el más estrecho es el peor: muchos contratos de casi nada.
La razón es que la pérdida máxima casi no se visita: el spread llega al ancho entero como mucho en el 1,1 % de las operaciones.
La caída la hacen las pérdidas parciales, multiplicadas por los contratos que el ala estrecha permitió.
El iron condor lo repite: con ese mismo riesgo, 18 contratos y −57 % de caída.
Con los 6 contratos del strangle que lleva dentro, −18 %.
Y cuando el riesgo definido es pequeño en dólares, el tope de contratos muerde: los calendars, con un tope de cuarenta, llevaban un 4 % del capital en riesgo, no el diez enunciado.
Por nombre, sobre acciones, el spread con el uno por ciento del capital en riesgo por nombre vende 2,5 veces el capital en nocional y cae −39 %.
La put desnuda con esos mismos contratos cae −15 %; y al tamaño que ese uno por ciento permite, −87 %.
El riesgo por nombre, sumado sobre doce nombres que caen juntos, es el riesgo de la cartera multiplicado por doce.
Todo lo anterior cabe en una división. La peor pérdida en dólares por contrato, sobre la ventana más larga que se tenga con precios reales, dividida por el capital vivo, es la caída que ese contrato puede causar.
Los contratos que caben son el capital vivo por la caída que se acepta, dividido por esa peor pérdida.
Se recalcula en cada apertura sobre el capital de ese día, y se comprueba contra el margen de los peores días, no contra el del día en que se abre.
Lo que esa regla no hace importa más que lo que hace: no usa el acierto, ni el crédito, ni la pérdida máxima teórica de un spread, ni el capital con el que empezó el programa.
Las cifras vienen de programas medidos con sus propias reglas: el número exacto de contratos depende de la estructura, del stop y del ancho, y no se traslada de una a otra.
La regla sí, porque es una división y no un resultado.
Y la peor pérdida de veintiún años no es la peor posible: 2008 y 2020 están dentro, y un día como el del crash del ochenta y siete no.
El tamaño que sale de la regla aguanta lo visto, no lo imaginable.
Cien mil dólares y la put δ30 del índice a 500, strike 480. Un contrato por cada cien acciones del capital son dos contratos. La peor pérdida por contrato en veintiún años, con el stop al cuádruple, fue de unos 3.000 $, y el peor mes del programa a ese tamaño un 12 %. Si se acepta un 20 % de caída, la regla deja tres contratos, no seis: seis contratos son el triple y caen un 38 % en el peor mes. Con el spread con ala a 2,5 %, la pérdida máxima por contrato es de 1.250 $ menos el crédito y el 10 % del capital cabe en veintitrés contratos: cada uno pierde poco muchas veces, y veintitrés pocos son mucho. La regla se aplica a la peor pérdida vista, no a la máxima teórica.
Las cifras vienen de programas distintos, cada uno con su gestión y su estructura, y se juntan aquí para enseñar la forma del problema, no para comparar los números entre sí. No dice cuántos contratos exactos caben en una cuenta concreta: eso sale de la regla aplicada a la estructura que se opere y a la peor pérdida que esa estructura tuvo. Tampoco cubre el tamaño de las estructuras compradas, donde la pérdida máxima sí es el débito y sí se visita.
La peor pérdida de veintiún años incluye 2008 y 2020 con precios reales, y no incluye un día como el de 1987. La regla dimensiona para lo visto; el margen de los peores días es la única comprobación que este curso tiene contra lo no visto.
Sólo en parte. Cuando se paga un débito, la pérdida máxima sí es el débito y sí se visita, así que la peor pérdida por contrato y la pérdida máxima coinciden. La trampa del ancho es de lo vendido.
De la ventana más larga con precios reales que tengas de esa estructura y esa gestión. No sirve la de otra: cambiar el stop, el ancho o el plazo cambia la cifra, y con ella el número de contratos.
Peor: el margen del día de la apertura es el más benigno del ciclo. La comprobación es el margen que la posición exigiría en los peores días de la ventana, contra el capital que hay ese día.
Repartir no reduce lo que se mide aquí. Los nombres de una cartera de opciones caen a la vez, y el tanto por ciento por nombre se suma en lugar de diversificarse.
Síntesis de mediciones ya publicadas en este curso, todas con precios reales del archivo propio y capital vivo. La put vendida del índice de 2005 a 2026 con la gestión de siempre y de una a cinco veces el nocional, con margen estándar y llamada estimada mes a mes. El put credit spread con alas a 2,5, 5 y 10 % y riesgo definido al 10 % del capital vivo sobre la pérdida máxima, con tope de cuarenta contratos. El iron condor con alas al 5 % por riesgo definido y con los contratos del strangle que lleva dentro. Los calendars con el débito como riesgo y el mismo tope. Y el spread sobre las doce acciones que más opciones mueven, con el uno por ciento por nombre.
Estudio cinco estudios propios · publicado el 7 sep 2026. Los datos de opciones proceden de HistoricalData.net.
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Esta sección enseña cómo funciona cada estructura y qué dicen los datos. No dice qué comprar, ni cuándo, ni sobre qué: eso es otro trabajo, y es el nuestro. Seis sistemas operando con capital propio, con cada posición y cada resultado a la vista —también los que salen mal.
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